LA ALTERNATIVA POSIBLE
Después de haber dilucidado, a través de este ciclo, los mecanismos estructurales que emplean las mega corporaciones, para instalarse en nuestras economías y para controlar nuestras sociedades, creemos necesario pensar en la posibilidad de un cambio inevitable, que de cuenta de las luchas de los movimientos sociales, los sindicatos y las acciones sociales de la ciudadanía crítica y comprometida. A través de REDES, construcción ciudadana, junto a la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) intentamos contribuir a la visualización de la posibilidad de concretar una sociedad más justa. Para este cierre, entonces, hemos elegido las palabras de vicepresidente de Bolivia Álvaro García Linera, país hermano que ha comenzado a caminar un rumbo político y económico más humano que el que nos impone la lógica de la globalización:
El “capitalismo andino-amazónico” Por Álvaro García Linera
El triunfo electoral del Movimiento al Socialismo (MAS) y de Evo Morales representa una vuelta de página en una historia boliviana, y latinoamericana, cargada de injusticias y segregación de sus pueblos indígenas originarios: la descolonización del Estado y la implementación de un nuevo modelo económico marca, desde el primer día, al gobierno de izquierda indígena que inicia un proceso de cambio irreversible para el próximo medio siglo.
La marea de votos obtenida por el MAS permite avanzar, con mas fuerza y rapidez de lo que soñamos, en la clausura de las últimas décadas nefastas y terribles que dejaron a nuestros países maltrechos, que destruyeron nuestras economías y debilitaron hasta límites nunca vistos al Estado boliviano.
Para quienes hemos acompañado desde la academia y las luchas a los movimientos sociales emergentes desde el año 2000, la victoria del 18 de diciembre de 2005 significó el ingreso de una nueva etapa: el ejercicio del poder estatal. Los desafíos de la izquierda en la gestión de los asuntos públicos son muchos y complejos pero, como hemos señalado a lo largo de la campaña electoral, nuestras fuerzas se encaminarán fundamentalmente a la puesta en marcha de un nuevo modelo económico que he denominado, provisoriamente, “capitalismo andino- amazónico”. Es decir, la construcción de un Estado fuerte, que regule la expansión de la economía industrial, extraiga sus excedentes y los transfiera al ámbito comunitario para potenciar formas de auto-organización y de desarrollo mercantil propiamente andino y amazónico.
En los siguientes 50 años predominará en Bolivia la economía familiar estructural, base de las últimas rebeliones sociales, el desafió es qué hacer con ella. El nacionalismo revolucionario de los ´50 pensaba que la comunidad desaparecería y que todos se volverían industriosos, modernos, capitalistas y asalariados, pero eso no ocurrió y, en la actualidad, el mundo moderno sólo representa entre el 7% y el 15% de la economía y de la población económicamente activa (PEA). Hoy pensamos que, al menos, podemos idear un modelo para que lo comunitario deje de estar subsumido de manera brutal a la economía industrial, evitando que lo moderno exprima y quite todas las energías a lo comunitario, potenciando su desarrollo autónomo. Para ello contamos con el Estado y con el excedente de los hidrocarburos nacionalizados.
El triunfo del MAS abre la posibilidad de transformación radical de la sociedad y el Estado, pero no en una perspectiva socialista (al menos en el corto plazo), como plantea una parte de la izquierda. Actualmente hay dos razones que no permiten visualizar la posibilidad de un régimen socialista en nuestro país. Por un lado existe un proletariado minoritario demográficamente e inexistente políticamente; y no se construye socialismo sin proletariado. Segundo: el potencial comunitarista agrario y urbano está muy debilitado. En los últimos 60 años se ve un retroceso de la actividad comunitaria productiva y una erosión de los lazos comunitarios. Sigue habiendo comunidad, pero ésta ha implosionado internamente en estructuras familiares.
El potencial comunitario que vislumbra la posibilidad de un régimen comunitarista socialista pasa, en todo caso, por potenciar las pequeñas redes comunitaristas que aún perviven y enriquecerlas. Esto permitiría, en 20 o 30 años, poder pensar en una utopía socialista.
Lenin proponía soñar con los ojos abiertos, lo que significa tener la capacidad de mirar el horizonte estratégico, pero saber manejar la táctica. El capitalismo andino-amazónico es la manera que, creo, se adapta más a nuestra realidad para mejorar las posibilidades de las fuerzas de emancipación obrera y comunitaria a mediano plazo. Por eso, lo concebimos como un mecanismo temporal y transitorio.
A .G. L
El “capitalismo andino-amazónico” Por Álvaro García Linera
El triunfo electoral del Movimiento al Socialismo (MAS) y de Evo Morales representa una vuelta de página en una historia boliviana, y latinoamericana, cargada de injusticias y segregación de sus pueblos indígenas originarios: la descolonización del Estado y la implementación de un nuevo modelo económico marca, desde el primer día, al gobierno de izquierda indígena que inicia un proceso de cambio irreversible para el próximo medio siglo.
La marea de votos obtenida por el MAS permite avanzar, con mas fuerza y rapidez de lo que soñamos, en la clausura de las últimas décadas nefastas y terribles que dejaron a nuestros países maltrechos, que destruyeron nuestras economías y debilitaron hasta límites nunca vistos al Estado boliviano.
Para quienes hemos acompañado desde la academia y las luchas a los movimientos sociales emergentes desde el año 2000, la victoria del 18 de diciembre de 2005 significó el ingreso de una nueva etapa: el ejercicio del poder estatal. Los desafíos de la izquierda en la gestión de los asuntos públicos son muchos y complejos pero, como hemos señalado a lo largo de la campaña electoral, nuestras fuerzas se encaminarán fundamentalmente a la puesta en marcha de un nuevo modelo económico que he denominado, provisoriamente, “capitalismo andino- amazónico”. Es decir, la construcción de un Estado fuerte, que regule la expansión de la economía industrial, extraiga sus excedentes y los transfiera al ámbito comunitario para potenciar formas de auto-organización y de desarrollo mercantil propiamente andino y amazónico.
En los siguientes 50 años predominará en Bolivia la economía familiar estructural, base de las últimas rebeliones sociales, el desafió es qué hacer con ella. El nacionalismo revolucionario de los ´50 pensaba que la comunidad desaparecería y que todos se volverían industriosos, modernos, capitalistas y asalariados, pero eso no ocurrió y, en la actualidad, el mundo moderno sólo representa entre el 7% y el 15% de la economía y de la población económicamente activa (PEA). Hoy pensamos que, al menos, podemos idear un modelo para que lo comunitario deje de estar subsumido de manera brutal a la economía industrial, evitando que lo moderno exprima y quite todas las energías a lo comunitario, potenciando su desarrollo autónomo. Para ello contamos con el Estado y con el excedente de los hidrocarburos nacionalizados.
El triunfo del MAS abre la posibilidad de transformación radical de la sociedad y el Estado, pero no en una perspectiva socialista (al menos en el corto plazo), como plantea una parte de la izquierda. Actualmente hay dos razones que no permiten visualizar la posibilidad de un régimen socialista en nuestro país. Por un lado existe un proletariado minoritario demográficamente e inexistente políticamente; y no se construye socialismo sin proletariado. Segundo: el potencial comunitarista agrario y urbano está muy debilitado. En los últimos 60 años se ve un retroceso de la actividad comunitaria productiva y una erosión de los lazos comunitarios. Sigue habiendo comunidad, pero ésta ha implosionado internamente en estructuras familiares.
El potencial comunitario que vislumbra la posibilidad de un régimen comunitarista socialista pasa, en todo caso, por potenciar las pequeñas redes comunitaristas que aún perviven y enriquecerlas. Esto permitiría, en 20 o 30 años, poder pensar en una utopía socialista.
Lenin proponía soñar con los ojos abiertos, lo que significa tener la capacidad de mirar el horizonte estratégico, pero saber manejar la táctica. El capitalismo andino-amazónico es la manera que, creo, se adapta más a nuestra realidad para mejorar las posibilidades de las fuerzas de emancipación obrera y comunitaria a mediano plazo. Por eso, lo concebimos como un mecanismo temporal y transitorio.
A .G. L
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