Material de lectura sobre MONSANTO

Control de la semilla, control sobre la vida.-

La mala hierba de Monsanto
Este gigante de los productos transgénicos, que desde su fundación en 1901 en Missouri, Estado Unidos, ha acumulado un sinnúmero de procesos penales por la toxicidad de sus productos, ha logrado también dominar el mercado mundial de la alimentación con la complicidad de gobiernos, funcionarios y regulaciones permisivas.
Cualquiera que ingrese hoy a la página de Internet www.monsanto.com verá que se presenta como “una empresa agrícola cuyo objetivo es ayudar a los campesinos del mundo a producir alimentos más sanos”, o sea, una compañía en función de “las ciencias de la vida”, reconvertida a las virtudes del desarrollo sostenible. Pero antes de interesarse por la agricultura, que la llevó a convertirse en el principal productor mundial de semillas y líder de los organismos genéticamente modificados (OGM), esta multinacional, que cuenta con 17.500 empleados y tiene presencia en 50 países, fue una de las mayores químicas del siglo XX, especializada en plásticos, poliestirenos y otras fibras sintéticas. Así, podrían nombrarse los PCB (policlorobifenilos), unos aceites químicos usados como aislantes durante más de 50 años en los transformadores eléctricos que hicieron la fortuna de Monsanto y la desgracia de incalculables víctimas, y cuya toxicidad la empresa ocultó hasta su prohibición a principios de la década de 1980. La dioxina, cuya historia- como la del PCB- esta envuelta en ocultamiento, corrupción y criminalidad, es un producto derivado de la fabricación de un herbicida inventado en laboratorios británicos y estadounidenses a comienzos de la Segunda Guerra Mundial. Al aislar la hormona que controla el crecimiento de las plantas, cuya molécula se produce de manera sintética, los estudios comprobaron que, inyectada en pequeñas dosis, dicha hormona estimula enormemente el desarrollo vegetal y que, en grandes dosis, provoca la muerte de la planta. Así los nuevos y eficaces herbicidas desencadenaron “una nueva revolución agrícola y el inicio de la ciencia de las malas hierbas”, según la ironía del botánico James Troyer.
En realidad un puñado de multinacionales que dominan el mercado de los abonos y los pesticidas químicos hicieron fortuna durante la 2º Guerra Mundial. Dupont, Hoechst BASF, Bayer e IG Farben proveyeron desde pólvora y explosivos, y hasta gases tóxicos. Monsanto participó del proyecto “Mannhatan”, que hizo posible la primera bomba atómica y provocó una de las mayores catástrofes humanas y ecológicas de la modernidad. Hasta que, finalmente, logró el mayor contrato de su historia: la producción del “agente naranja” para la guerra de Vietnam. La guerra química derramó, entre 1962 y 971, 80 millones de litros de defoliantes sobre más de 3 millones de hectáreas de selva y tierras de Vietnam. Más de 3 mil pueblos fueron contaminados con el equivalente a 400 kilos de dioxina pura.
Roundup es el nombre comercial dado por Monsanto al glifosato, un herbicida derivado de un aminoácido (la glicina) que los químicos de la empresa descubrieron a fines de lo 60´. Su particularidad es que acaba con todas las formas de vegetación gracias a su modo de funcionamiento: es absorbido por la planta a nivel de las hojas y transportado por la savia hasta las raíces. Su acción bloquea el crecimiento vegetal y provoca una necrosis en los tejidos, que acaba en la muerte de la planta.
El producto saltó al mercado en 1974, primero en EEUU y luego en Europa, cuando la empresa afrontaba un famoso escándalo ecológico y sanitario. Según su publicidad, es el herbicida más vendido en el mundo: “respeta el medio ambiente, 100% biodegradable”, sin embargo, estudios realizados en Francia, Canadá Y EEUU cuestionaron la inocuidad del glifosato para la salud humana: el producto induce a las primeras etapas que terminan en cáncer, bloquea la producción de hormonas sexuales, etc., etc. Para el Nobel de fisiología y medicina del 2001, la inercia de los poderes públicos sólo se explica en la intención de “no perjudicar el desarrollo de los OGM, que como todo el mundo sabe, han sido manipulados para resistir al Roundup”, y cuya estrella indiscutida es la soja Roundup Ready.
Desde Redes Construcción Ciudadana vemos como el paradigma de la agricultura intensiva e industrial en manos de grandes corporaciones ha venido afectando en forma negativa, y en varios casos irreversiblemente, la economía de nuestros pueblos, produciendo daños ambientales extraordinarios, generando complicidades políticas, y peor aún se ha intentado debilitar nuestra propia cultura de producción sustentable, y comunitaria.
Es tiempo de reconocer que este paradigma esta agotado y necesitamos ver nacer una nueva cosmovisión que recupere la noción de comunidad, por sobre el individualismo, y respeto al medio ambiente, por sobre las ganancias económicas en pocas manos.-

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